Nuestra sufrida salvación, primero...
Y ahora nuestro segundo campeonato mundial.
No le puedo pedir mucho más al fútbol. Me ha tratado muy bien este año.
Pero esta celebración de nuestra segunda estrella la estoy disfrutando especialmente.
Por motivos deportivos, evidentemente.
Y por la satisfacción personal de haberles cerrado la boca a todos aquellos argentinos que nos faltaron al respeto antes de la final. Que no han sido pocos.
Pero aún más especialmente por todos aquellos españoles que odian a su patria, sobre todo los vascos aberchandales etarras, y los catalanes lazis independentistas...
Anoche, después de llegar de la Glorieta, me duche no solo con las lágrimas de Messi, sino con la de todos ellos
¡¡¡ARRIBA ESPAÑÁAAAA!!!




