Cuero Fundido (por Rabalenc)
Presentía que era un buen día. El partido era una eliminatoria de copa y no teníamos nada que perder. Estaba relajado y me sentía más seguro al ser por la noche.
Podía ser un buen momento para intentarlo. Acercarme a ella.
El rito comenzaba como siempre: después del café de la tarde, el cigarrillo, y sesión de concentración. No resulto difícil convocar a mis fuerzas anímicas y prepararlas para que una vez más me movieran a dar mi máximo. Visualicé lo que quería hacer esa noche y después de todo el proceso decidí.
“Hoy pensaré en ti, redonda, brillante, elástica. Aunque todos te pretenderán, hoy solo pensaré en acercarme, verte, tocarte, seducirte. Hoy al menos me conocerás. Hoy tendré la esperanza de que así será. Después... después no sé”.
Una vez en el campo pude ver con alegría que la luna estaría presente en este encuentro. Algo iba a pasar esa noche y yo empecé a notarme distinto. Como si la presencia de la luna empezara a surtir efecto. Ya me había pasado otras veces, pero esa noche...
En el vestuario, según se acercaba la hora del partido empezaron a sudar las manos. Era una sensación agradable, como si quisiera tocarlo todo y no tuviera limitaciones para nada. Mis piernas me sostenían con mucha fuerza y con ganas de impulsarme hacia algo. Mi cabeza estaba despejada y aunque contestaba a todos y seguía todas las conversaciones, yo estaba ya en el campo delante de la red y observando mi zona con toda la amplitud de mis ojos.
Recuerdo que cuando salí al campo estabas posada en el centro: limpia, brillante y callada. Te cogí en mis manos, te empapé mi sudor, te presioné ligeramente con los pulgares intentando hacerte notar mi presencia. Te boté dos veces contra el suelo como intentando decirte algo: “Esta noche te quiero conmigo.”
Justo antes de empezar me entró cierto temor. “ Y si no quiere saber nada o quiere saber mucho y ronda toda la noche en mi portería rozando la línea.” Un descuido y..
Empieza el partido. Observo como te llevan unos y otros. Algunos te dan conversación, dos o tres frases. Otros simplemente te mandan o te contestan. Yo desde mi posición te sigo fijamente y a medida que te vas acercando me voy poniendo tenso. Tú giras por el suelo o vuelas en mi busca. No hago otra cosa que mandar con mis voces para que no te acerques.
Inevitablemente se acortan las distancias y pasas velozmente por mi lado. Otras veces llegas mansamente y te detengo con el pié. No siento nada, es un contacto soso.
La primera vez que llegas a mis manos lo haces de manera sorprendente, inesperada y mi reacción es torpe. No te conozco lo suficiente pero me he quedado contigo y el clamor de la gente parece indicar que entre nosotros hay algo. Me tranquilizo y procuro lanzarte hacia los demás con suavidad.
A partir de este momento ya no tengo temor a tu llegada y parece que ese primer contacto me hace desear otro nuevo más largo, más cercano. Nuevamente se produce nuestro encuentro y quedamos bien tú y yo.
Cuando llega el descanso te lanzo una larga mirada y te agradezco el trato que me das.
El partido continúa en el mismo clima, pero me he atrevido tanto contigo que no he podido evitar tu entrada en mi portería. Me enfado y te sacudo una patada. ¡Perdona ¡
Nuevamente vuelves y te pido perdón con mis manos y mi pecho. Noto cierto calor en tu piel. Ya no estás tan tensa.
Decido arriesgar porque el tiempo pasa y salgo a buscarte fuera de mi área y a recrearme contigo. Tu me lo agradeces y entras en la portería contraria. Empate.
Sigues dando señales de tu buen rollo conmigo. Las veces que llegas impulsada por mis contrarios lo haces de forma dura y rápida pero tu dirección son mis manos, mi cuerpo y el larguero de mi portería.
El partido se ha reducido a tus llegadas fogosas y apasionadas pero muy cómplices. Yo te calmo y te mando con energía en busca del marco contrario.
Llega el momento definitivo porque esto termina en los penaltis.
A partir de ese momento ya no veo ni escucho nada y toda mi atención va dirigida a ti: estática, redonda y brillante.
Analizo el primer lanzador. Zurdo, egoísta, duro, seguro, certero. Te digo a mi izquierda pero no llego a tocarte. Como dice Sinattra “ Qué poco nos conocemos”.
El segundo lanzador es diestro, nervioso, inseguro, con un gol a favor y una puerta abierta a mi izquierda. Ocupo mi lado derecho y quedo allí unos segundos como si quisiera bloquearlo. Tú me entiendes. Aguanto la posición, finto con mi mano derecha y me lanzo a mi izquierda casi esperandote. Bien. Te abrazo y te cito para la siguiente.
Solo mis ojos se encuentran allí. Veo agitarse al publico. Veo como mueven la boca, sus caras crispadas de enojo. Me imagino lo que dicen, pero no me importa. Tengo una sensación total, no piso el suelo, mis manos conservan tu olor, la luna tira de mí y me siento en marea alta. Todo mi cuerpo es un flujo constante, veo y proceso todas las sensaciones. Mis ojos son mi piel y tú te das cuenta porque recibes mi mirada en un continuo feed-back.
Son unos microsegundos preciosos, intensos. Estamos tú y yo en esa zona íntima donde ya no hay ni aire. He olvidado quién es el lanzador. Ha desaparecido su imagen. Sé que hay alguien con mucho miedo, que escucha todo lo que se dice en el campo. No quiere fallar y sabe que solo mi derecha puede ser rentable. Yo le afirmo esa posibilidad dejando mucho espacio en ese lado. Solo espero y me lanzo a por ti. De nuevo juntos.
Contengo mi alegría porque no puede ser definitiva. Debo esperar, Debo evitar que mi flujo se escape y me abandone ahora. Miro hacia arriba y veo a la luna llena, redonda, radiante, magnética, mágica.
De nuevo en la zona. La distancia que nos separa parece cada vez más corta. Nadie sabe lo que ocurre allí abajo. Parece un penalti, pero solo se ven unos ojos con manos y una pelota blanca, brillante por el rocío de la noche, parada a los once metros.
Silencio.
Son décimas de segundo, pero el tiempo se ha detenido. Mi cerebro adelanta el tiempo y lo hace discurrir como un reloj de arena. En cada grano aparece lo que va a ocurrir. Lo veo y espero el tiempo real.
Al otro lado de la portería estamos tú y yo en el suelo. Huele a césped mojado. Mis manos no te han detenido. Te has fundido conmigo. Me levanto lleno de ti. De mi cuerpo sale una nube de vapor que huele a cuero, piel de pelota.
La pelota ha desaparecido entre los poros de mi piel y yo sé que está dentro, muy dentro de mí.
Y miro a la Luna.
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Saludos del equipo de Punto Deportivo.
