NO TENGO PALABRAS

MIRAD LO QUE HA DECLARADO EL MUY HIJO DE LA GRAN P.U.T.A
TRIBUNALES
El parricida asegura que el alcohol, la droga y Satanás mataron a su familia
El juzgado recibe una carta del procesado en la cual dice que «no era consciente de mis actos» y que «ningún padre quiere matar a sus hijos, ni a su primer amor de mocedad»
M. ALARCÓN
De su puño y letra, José María Maciá, de 35 años, ha hecho llegar al juzgado de Instrucción 3, a través de su abogado, José Mariano Trillo, una carta en la cual se justifica por el asesinato de su mujer, Teresa Asunción, de 34 años, y de sus hijos, Vicente y José María, de 6 y 2 años, a los que mató con una maza mientras dormían el pasado 13 de abril. Con un trazo firme, el procesado, que está ingresado en la cárcel de Albacete, ha escrito cuatro folios, dirigidos a su letrado, en los cuales culpa al alcohol y a la cocaína de lo ocurrido. «...He sufrido muchísimo. En aquel acto destruí todo cuanto quería y amaba. Yo para nada era consciente de mis actos, ni como dicen las malas lenguas lo tenía premeditado (...) desde que nací no se me ha pasado por la mente una cosa igual ni tan antinatural. Me considero un padre y marido de lo más cariñoso, atento y bueno que existe en el mundo y un protector de las mujeres y niños (...) mi persona siempre ha apoyado y querido a los más débiles». Y pasa a enumerar las cinco razones que, según él, llevaron a su «mente enajenada» a cometer «en menos de un minuto» el crimen.
En un primer momento, recuerda el fallecimiento de su suegro en el 96 y cómo sus hijos le preguntaban dónde estaba ese abuelo, a quien nunca habían visto, «...y nosotros le decíamos que estaba en el cielo. Aquella mente enajenada, aquella maldita noche, sé que pensó que ya era hora que mi suegro los disfrutara. Tanto él de mis hijos como mis hijos de él. Señor mío, ojalá pudiera poder volver atrás».
En su segundo punto dice que «lo cierto es que el alcohol, la droga y Satanás me los mataron. Señor mío me ha dejado extenuado, sin fuerzas, pues me ha robado todo cuanto más quería y amaba, eran todo cuanto tenía (...) Dios me ayude». En un tercer punto recuerda el fallecimiento de una vecina y que «mi mujer me decía muchas veces: "¡Ay! José, yo cuando tenga que morir, le pido a Dios morir durmiendo, pues no quiero sufrir". Esto es veraz y no da derecho a nada, pero aquella mente trastornada lo relacionó también en aquel minuto fatídico».
En el cuarto punto se refiere a «mis recaídas de alcohol-cocaína y juego. Mi mujer sufrió mucho y yo también. Pues cualquiera que sufra por esta lacra sabe que la persona no quiere hacer ningún daño a sus seres queridos y sufre mucho cuando siente que ha defraudado a los demás. Aquella mente transtornada temporalmente también tenía mucho temor de hacer sufrir a sus seres queridos otra vez». Por último dice que «esta razón creo que es la que me hizo caer en la tentación de tomar la primera copa: El gran estrés por mi profesión de largas horas de trabajo».
Después de todo ello, José María Maciá dice que «le pido a la sociedad, se lo suplico a todos los que me insultan, me increpan y me miran con esa mirada horrorosa que tengan piedad de mí, pues soy la víctima peor parada de esta tragedia sin sentido. No me he quitado la vida ni me la quitaré porque creo y entiendo que nuestro cuerpo es el templo donde habita nuestro Señor y estamos llamados a crear vida y no a quitarla (...) aquella mente de trastorno y alucinación no era controlada por mí. Ojalá la hubiera controlado, nada de esto hubiera pasado y yo sería la persona más feliz del mundo viendo crecer a mis hermosos hijos junto con mi mujer. El Señor esto bien lo sabe. Ningún padre quiere matar a sus hijos, ni a su primer amor de mocedad, con la que he compartido 20 años de mi vida y la he tenido siempre a mi lado apoyándome y amándome».
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SOLO LE DESEO LO PEOR DEL MUNDO A ESE MIERDA