
La bufonada protagonizada al alimón por Pasquall Maragall y Carod Rovira -los socios que apoyan al Gobierno socialista y con los cuales Zapatero pretende hacer una política de Estado- están divirtiendo mucho a los fotógrafos, pero tendrán consecuencias. El presidente de Israel transmitirá mañana a Maragall su protesta por el texto del Ayuntamiento de Barcelona que equipara el muro de Cisjordania con el Holocausto. El Ministerio de Exteriores español ha pedido a la embajada española en Tel Aviv que explique por qué retiró ayer la cinta con los colores de España de otra ofrenda floral para no molestar al líder de ERC. Y el Gobierno hebreo considera «inaceptable» que Carod se retirara del homenaje al fallecido Isaac Rabin porque no ondeaba allí la bandera catalana.
Y para rematar la faena, Maragall retrató ayer en las calles de Jerusalén a Carod-Rovira con una corona de espinas sobre su cabeza, sin tener presente que los católicos consideran esos símbolos sagrados. Si los israelíes conocieran a estos dos personajes, no se habrían sorprendido porque ambos son dos nacionalistas de campanario, que se afanan por llevar a cualquier lugar del mundo sus pequeños e imaginarios agravios.
Y no ha sido ese el único incidente de la jornada. Ayer sábado, en la Cripta de los Recuerdos en el nuevo Museo del Holocausto, en Jerusalén. De la corona de flores dispuesta para el acto en memoria de los seis millones de judíos víctimas del horror nazi, el propio personal de la Embajada de España procedió a retirar la cinta adornada con la bandera nacional y sólo dejó la que lucía la senyera.
Fuentes oficiales del Palacio de Santa Cruz aseguran que se trató de «un error» y que el embajador español, Eudaldo Mirapeix, había dado orden de que figuraran las dos banderas en la ofrenda floral.
Pese a ello, el Ministerio considera que «el incidente tiene su relevancia» y, en consecuencia, el ministro, Miguel Angel Moratinos, ha pedido al embajador que le remita de inmediato un informe detallado con todo lo ocurrido en el que explique por qué la cinta con los colores nacionales fue retirada.
Por parte israelí, un portavoz oficial de la embajada explicó ayer a este diario que «Israel no considera correcto entrar a calificar un asunto interno como es el de las banderas pero, de la misma manera cree que es muy desafortunado, inadecuado e inaceptable utilizar el homenaje a un primer ministro israelí asesinado para expresar protestas de este tipo».
También desde la embajada se apunta que el Estado de Israel siempre ha considerado que el viaje del presidente de la Generalitat Pasqual Maragall y su delegación era una visita de trabajo de «dirigentes españoles» y, en consecuencia, tal y como establecen las normas de protocolo aceptadas internacionalmente, la bandera que debía ondear junto a la israelí era la del Estado homólogo al que responde la nacionalidad de los visitantes, es decir, la bandera española.
El enfado del Gobierno hebreo, sin embargo, no se limita sólo al hecho de que Carod intentara trasladar una guerra de banderas al homenaje en memoria de Rabin. La reciente publicación por el Ayuntamiento de Barcelona de un manual sobre el Holocausto destinado a los estudiantes de secundaria ha suscitado algo más que simple malestar.
En el citado texto, presentado el pasado 3 de mayo por el Ayuntamiento de Barcelona y la Asociación Amical Mauthausen, se explica en una serie de páginas la deportación y las penurias vividas por los republicanos españoles en los campos de concentración alemanes.
La tragedia que vivieron, se señala en el libro, tiene «muchas similitudes» con otros dos acontecimientos de actualidad: la construcción del muro entre Cisjordania e Israel ordenada por Ariel Sharon, «a modo de valla de seguridad para evitar atentados terroristas», puntualizan los israelíes, y con el encarcelamiento de presuntos terroristas talibán en la prisión de la base de Guantánamo.
El embajador de Israel en España, Victor Harel, ha remitido una carta al alcalde de Barcelona, Joan Clos, expresando su «protesta en los términos más firmes» y exigiendo la retirada de las escuelas del citado manual. En la carta se califica la comparación que se hace en el citado manual como «ilegítima e inmoral».
Sin palabras... menuda imagen mas deplorable hemos dado ante el mundo, inconcebible que se permitan estas cosas.





